lunes, 13 de diciembre de 2010

La Trilogía Americana de Ellroy


América, Seis de los Grandes y Sangre Vagabunda, son los tres títulos que componen la trilogía sobre Estados Unidos que James Ellroy ha publicado entre 1996 y 2009. Tres títulos clave, más de 2.000 páginas, mezcla de realidad y ficción, para entender una parte importante de la historia de EE.UU, un período que va desde 1958 a 1972, con el asesinato del presidente Kennedy, los asesinatos de su hermano Robert y de Martin Luther King y, el fin del mandato del director del F.B.I, J. Edgar Hoover, pasando de puntillas por el escándalo de Watergate que obligó a Nixon a dimitir.

Una vez señalados los puntos más importantes del relato, lo primero que hay que apuntar es que estas tres obras no son única y exclusivamente rollos políticos, ni mucho menos ensayos sobre los acontecimientos. Lo que hace James Ellroy es tratar la historia de su país desde las bambalinas, los entresijos políticos, mafiosos y policiales, la intrahistoria. Es un mundo sórdido, donde las buenas intenciones no son más que charlatanería. Nadie se libra, todos están manchados, todos tienen sucios intereses movidos por sentimientos como la venganza, las traiciones y, por supuesto, el vil metal. Un retrato de una sociedad racista, donde ciertamente los negros no salen bien parados, aunque nunca podremos dilucidar si Ellroy es racista o no, porque una de las reglas básicas de la literatura es que nunca se puede confundir al narrador con el autor, no tienen por qué ser necesariamente la misma persona.

Los puntos fuertes de la monumental obra de Ellroy son dos. El primero de ellos es la gran variedad de géneros con los que impregna su trilogía. La novela histórica mezclada con la ficción es el pilar fundamental que sostiene a esta grandísima obra. El drama es el leit motiv de su obra, donde todo es trágico y nadie está a salvo. El drama político, la carrera por las elecciones, la forma de afrontar los asuntos más importantes por parte de los presidentes. La novela negra al más puro estilo detectivesco, con gangsters, persecuciones, seguimientos y escuchas. Comedia, mostrada por las geniales frases de los personajes con sus mordaces e inteligentísimos diálogos y el sentido del humor del narrador, un tipo que está pasado de rosca, de vuelta de todo y que se ríe de todo y de todos. Y, cómo no, historias de amor entre personajes opuestos, siempre sin llegar al sentimentalismo de baratillo.



La maestría de Ellroy se manifiesta en su impresionante estilo narrativo, casi telegráfico. En su mejor obra, América, la tensión va in-crescendo, con frases cortas, una gran descripción de la historia, completamente detallada. Seis de los Grandes es la obra homenaje a los telegramas. Su estilo es asfixiante, con frases de tres palabras seguidas de puntos. Quitando conjunciones y artículos. En momentos exaspera, pero una vez acostumbrado a la lectura, la novela es casi tan genial como las demás. Y en Sangre Vagabunda, vuelve con un estilo más cercano al de América, sin tanto laconismo como en Seis de los Grandes pero igual de seco y contundente. Todas ellas con un encabezamiento en cada capítulo con la fecha y el lugar de la historia, siempre con tres grandes historias paralelas que llegan a cruzarse y un sinfín de subtramas que encajan a la perfección en este complejo puzzle.

Si su estilo personal a la hora de narrar es clave, no lo es menos su magnífico manejo de distintos formatos. Ellroy es un hombre metódico, concienzudo y documentado para escribir sus historias. Gracias a sus amigos policías y periodistas, consigue dotar a sus obras de un enorme realismo, sabes que, aunque hay hechos verídicos es ficción, pero no lo parece. Cualquiera puede creer que es la realidad tal y cómo pasó. Y eso tiene un mérito increíble. En su trilogía, hay cabida para la transcripción de llamadas telefónicas grabadas por parte del F.B.I, con unos encabezamientos explicativos muy reales. Documentos secretos de la C.I.A y del Buró detallando los últimos acontecimientos y las formas de relatar las próximas operaciones. Escuchas de conversaciones, con gran descripción de interferencias, minutos transcurridos y ruidos, consiguiendo que el lector se imagine escuchando dichas conversaciones de manera dificultosa con unos cascos cutres. Además, también se intercalan artículos de prensa, titulares y subtitulares de los grandes periódicos estadounidenses con fecha, y extractos de diarios personales. Todo ello incrustado en las novelas, con sentido, siempre acorde con lo que sucede en la historia.

Para conseguir ese gran realismo muy cercano a la verdad, Ellroy indaga en los hechos históricos y en los hombres que los llevaron a cabo. Tenemos a todos los presidentes y los candidatos: JFK, Nixon, Lyndon B. Johnson o Hubert Humphrey. Robert Kennedy y su comité anti-mafia. El director del F.B.I, el más fascista de todos con tendencias homosexuales J. Edgar Hoover. Los policías y agentes del FBI Guy Bannister, J.D. Tippit y Maynard Moore. Jimmy Hoffa, Jules Schiffrin y el sindicato de camioneros. La Mafia, representada en el trío de capos de Nueva Orleans, Chicago y Tampa, Carlos Marcello, Sam Giancana y Santo Trafficante. Jack Ruby y Lee Harvey Oswald. El gran magnate Howard Hughes, un neurótico completo, brutal, que vendió la TWA para comprar casinos en Las Vegas. El inmenso poder de esa infame hermandad llamada Ku-Klux Klan, representante del racismo absoluto. O los líderes de un movimiento nacido en los años ’60, el nacionalismo negro, con el doctor Martin Luther King a la cabeza y los cuatro grupos más importantes: los Panteras Negras, Esclavos Unidos, Frente de Liberación Mau Mau y la Alianza de la Tribu Negra. Y personajes del mundo del cine como Frank Sinatra, colaborador de la mafia, o el homosexual Sal Mineo.



Todos estos hombres junto con los personajes ficticios, formaron parte de diversos hechos claves para entender la historia de los EE.UU: Los ya mencionados asesinatos de los Kennedy y Martin Luther King; el inicio del escándalo de Watergate; el fin del poder de Hoover, el declive de Howard Hughes; La Guerra de Vietnam y el negocio del narcotráfico que allí se practicaba; el intento fallido e inútil de invasión a la Bahía de Cochinos, ejemplo esclarecedor de las persecuciones que se realizaron contra el comunismo ayudados por la mafia y el odio hacia el líder cubano Fidel Castro; O los ya citados movimientos, el racismo del Ku-Klux Klan que luchó contra la homosexualidad y los negros y el nacionalismo negro, un movimiento reivindicativo que buscaba sus derechos en la sociedad norteamericana. Y los escándalos sexuales de JFK y la lucha de su hermano contra las actividades de calibre mafioso.

Para conseguir que funcione a la perfección todos estos acontecimientos, Ellroy crea una gran lista de personajes que tienen una gran importancia durante todo el relato. Algunos secundarios son: Barb Bondurant, esposa de Pete Bondurant; J.P. Mesplede uno de los asesinos de JFK; los expertos en escuchas ilegales Fred Turentine y Fred Otash; el pez gordo de Las Vegas Wayne Senior y su mujer Janice; el proxeneta negro Wendell Durfee; los activistas anticastristas Fulo Machado, Fuentes y Arredondo; los activistas negros Mo Jackson y Bayard Rustin; el hombre de Pete Bondurant Chuck Rogers; Gretchen Farr/Celia Reyes, participante en la matanza del 14-6; la diosa roja Joan Rosen Klein; Karen Sifakis, amante de Dwight C. Holly y pro-comunista; Marie Reginald-Hazzard amante negra de Wayne Tedrow Jr.; Marshall E. Bowen, agente negro infiltrado del F.B.I. y su gran enemigo, el policía racista Scotty Bennett; Jomo Kennyata Clarkson, ministro de propaganda del FLMM y Leander James Jackson, proveedor de armas de la ATN.

Aun con este ramillete de secundarios y todos los personajes reales, la novela seguiría estaría coja. Para crear una gran obra literaria, se han de contar con grandes protagonistas. Y el sexteto de personajes principales que Ellroy ha creado, tienen un carisma y una fuerza impresionantes. Ellos son:

Kermper C. Boyd: Es el agente infiltrado del F.B.I para espiar a los Kennedy, con los que llega a entablar amistad y es partícipe de sus habilidades. Es un hombre chistoso, metódico, adicto a las drogas para calmar sus repentinos cambios de estado de ánimo.

Ward J. Littell: Abogado de profesión, es un hombre que trabaja para el F.B.I. investigando el fondo de pensiones del sindicato de camioneros. Es un hombre mayor, con sobrepeso, alcohólico, de tendencias izquierdistas que nada gustan a sus jefes. Su importancia en la obra es vital, ya que sufre una transformación que va de menos a más.

Pete Bondurant: Es el puto amo absoluto de toda la obra. De origen francés, es un ex miembro de la CIA que trabaja como matón de Howard Hughes. Un yonki del tabaco, sus casi dos metros, su gran corpulencia, su manera de soltar frases lapidarias, le convierten en el duro por antonomasia. Todo el mundo le teme y, los que se enfrentan a él, sufren las consecuencias. Es el gran Pete B.

Wayne Tedrow Jr.: Hijo del magnate Wayne Sr, es un químico que tiene que encontrar a un proxeneta negro, Wendell Durfee, el día del asesinato de JFK en Dallas. Su viaje le traerá graves consecuencias, quedando muy trastocado de todo aquello. Su perseverancia a la hora de reconstruir los hechos, es su gran virtud.

Dwight C. Holly: Es el hombre clave de J. Edgar Hoover, un tipo tan ultraconservador como él. Es un hombre curtido en mil batallas, ayudado por confidentes comunistas para llevar a cabo la Operación Hermano Maaaalo, consistente en desarticular a la ATN y al FLMM.

Don Crutchfield: Investigador privado de la empresa Duber y Asociados, es un mirón profesional. En su tiempo libre busca a su madre desaparecida. Su labor es encontrar a la misteriosa comunista Joan Rosen Klein y saber lo que ocurrió con unas esmeraldas robadas.

Con esta impresionante trilogía, Ellroy se ha quitado el calificativo de autor de novela negra, porque no es sólo eso. Él mismo se define como un escritor, con mayúsculas y a buena fe que lo es. Con la trilogía americana, Ellroy ha pasado a ser uno de los grandes escritores contemporáneos de la literatura norteamericana.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

F.C. Barcelona 5- Real Madrid 0

La pareja perfecta

BARÇA IMPERIAL

El Barcelona hizo un partido perfecto con una precisión increíble en el juego de toque y una circulación de balón a la velocidad del rayo. El Madrid no presionó en ningún momento, sin fuerzas, timorato, superado por un gran Barça. Los azulgrana se colocan líderes adelantando a los blancos. Un partido para la historia, sencillamente, espectacular.

Lo acontecido anoche en el Camp Nou fue un partido glorioso para todo el barcelonismo y nefasto para el madridismo. Ni los más optimistas de unos ni los más pesimistas de los otros, hubieran imaginado que el partido podría deparar una diferencia brutal tanto en juego como en resultado. El que se presumía como uno de los partidos más igualados de los últimos años, sólo tuvo un color: el blaugrana. Un partido que ya forma parte de la historia de los Clásicos.

El partido tiene una sola lectura: La aplastante superioridad del Barcelona frente a un más que pobre y desarbolado Real Madrid. La avalancha de ese juego de toque del Barça, ejercido con precisión de cirujano a la hora de realizar el pase perfecto, con una circulación del esférico a una velocidad estratosférica, fue de principio a fin. Dirigidos por la batuta de Xavi e Iniesta, los veinte primeros minutos fueron lo más grande del partido. Toque rápido, desmarques constantes, paredes y un Real Madrid a verlas venir. Mourinho planteó mal el partido, colocó su línea más adelantada en el centro del campo, sin presionar la salida de balón del Barça, una de las pocas claves para ganar a este majestuoso equipo. Ésa y la acumulación de hombres en el centro del campo. Ni lo uno, ni lo otro, y así, es imposible que un equipo como este no te golee. Avisó Messi a los cinco minutos con una parábola preciosa que estrelló en el poste. Era el preludio. Cinco después Iniesta hizo un pase al hueco del área, Marcelo se enredó y muy listo, Xavi, girando sobre sí mismo batió a Casillas con un toque sutil. El segundo vino en menos de diez minutos. Xavi cambia el juego a la banda izquierda, Villa desbordó a Ramos en la línea de fondo, tiró, cantó Casillas y Pedro solo tuvo que empujar. 2-0 en 18 minutos, y ahí se acabó la historia.

Hasta el descanso, casi sin noticias del Madrid en ataque. Sólo un disparo de Di María. Valdés vivió su noche más plácida. El partido se encanalló, fruto de un lance protagonizado por Cristiano Ronaldo y Guardiola. Decir que el técnico azulgrana no debió retirarle el balón, fallo. Pero la reacción del portugués con ese empujón no tiene justificación alguna. Tildar a Pep como el malo de la película y como el provocador, es una falacia. Iturralde obró bien, con amarilla para el portugués y para Valdés por salir de su portería a meter cizaña. Carvalho dio un hombrazo a Messi. No pareció agresión, pero por menos se expulsó a Villa en San Mamés. Poco después, Cristiano cayó en el área barcelonista. Valdés llega antes que el portugués, al que después, por la inercia del movimiento, le derriba. Sinceramente, creo que no es penalty porque el guardameta iba a por el balón de manera evidente y llega antes que el luso.


El gravísimo empujón


BAILE TOTAL Y ABSOLUTO

La segunda parte fue más de lo mismo. Mourinho ya asustado por lo que se le veía encima, optó por meter a Lass en lugar de Özil. Quizá debió hacerlo desde el principio, pero a toro pasado es muy fácil comentarlo. El Madrid, timorato, contemplativo y el Barça a lo suyo. Volvió a salir en tromba, con ese juego maravilloso y no tardó en sentenciar de manera definitiva. Messi se convirtió en el perfecto asistente, moviéndose por todas las zonas del campo. Ayudó a conseguir superioridad numérica en centro del campo para tener más el balón. Incluso pudo dar más asistencias de las que dio en alguna jugada de ataque muy clara. Un pase perfecto a Villa que, en fuera de juego por un palmo, batió por bajo a Casillas. Dese luego si lo anulan, no hubiera pasado nada, pero ha sido válido porque, ante la duda, se deja seguir. El cuarto vino tres minutos después, con un pase aún más magistral si cabe de Messi, al hueco, de escuadra y cartabón, donde Villa volvió a ganar en velocidad a la defensa y marcó de caño. Espectáculo total.

A partir de ese momento, el partido fue un baile del Barça en el más sentido estricto de la palabra. Moviendo, tocando, con taconcitos, gustándose completamente. Bajando el pistón para no hacer más sangre de la que pudieron haber hecho, con escasas situaciones de peligro. Fue a partir de ese momento, una serie de rondos infinitos con la grada enaltecida con los olés y gritos contra Mourinho. El Madrid corría detrás del balón, impotente, no llegaba. En ningún momento del partido pudo hacer algo este pobrísimo Real Madrid, que fue maniatado por un gran Barça y que no mostró su nivel real. Las posesiones eran eternas, los pases incontables. Un Barcelona, sencillamente majestuoso. La gran ovación se la llevó Xavi Hernández, futuro Balón de Oro y si los sabios futbolísticos no pierden el norte, porque estamos ante un jugador brillante.

El quinto y definitivo gol llegó en el descuento, Bojan centró al corazón del área y rápidamente apareció Jeffren, que elevó el esférico para poner la manita. El equipo lo celebró en el banquillo como una piña, y la imagen de Piqué alzando su mano para deleite de todo el Camp Nou, quedará para la posteridad. Aún hubo tiempo para más, y Sergio Ramos dio una soberbia patada a Messi y fue expulsado. El sevillano perdió los papeles por completo, primero atizando en la cara a Puyol para tirarle al suelo y después empujando a Xavi. Que Iturralde no haya mencionado esto en el acta y que sólo le caiga un partido con ello, demuestra su mal arbitraje pese a que estuvo correcto en las decisiones importantes.


El túnel de Villa


El Barcelona adelantó al Madrid en la clasificación. Cierto es que queda mucha Liga, que este partido en absoluto es definitivo. El resultado dará mucha confianza a los culés y estará por ver cómo afecta psicológicamente a los merengues. Para la Liga no es un resultado fundamental a día de hoy, pero para la historia del fútbol sí. Porque quedará en los anales este partido de un Barça imperial, infinito. Uno de los mejores partidos que yo haya visto en mi vida.


LAS CLAVES:


El Barcelona dominó de principio a fin. Xavi, Iniesta, Messi y Busquets se adueñaron del centro del campo, circularon la pelota a una velocidad vertiginosa desarbolando por completo a su rival. El juego de toque se impuso a la potencia.

El Madrid no existió. Ni presionó, ni defendió, ni atacó, muy gris. El partido fue desastroso en todos los sentidos, lo único positivo es que ni siquiera se ha terminado la primera vuelta

El árbitro: Mal Iturralde, no por las decisiones importantes (aunque algunas discutibles) sino por conceptos. No es lógico que apenas pitara faltas flagrantes tanto de un bando como de otro, que aplicara la ley de la ventaja sin sentido alguno,y que dejara seguir después de faltas de libro cuando el balón lo recuperaba el equipo infractor.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Bienvenidos a la spanish-scottish league

A tres días vista del clásico, crónica que realizaré si estoy de buen humor (ejem), y mourinhadas aparte, conviene hablar sobre un tema que se ha estado debatiendo mucho durante estos días que afecta a todo el mundo futbolístico: los derechos de televisión. La LFP está negociando estos derechos correspondientes a la temporada 2013-2014, es decir, para dentro de tres años. La práctica totalidad de los 42 equipos están de acuerdo, discrepando de este formato el Sevilla,Villarreal, Espanyol, Zaragoza, Athletic de Bilbao y la Real Sociedad, que se han negado a firmar el contrato propuesto por Real Madrid y Barcelona.


Gráfico de porcentajes a cobrar propuesto por los grandes


El primer grupo en el que se incluyen los dos grandes (35%) y el Atlético de Madrid y el Valencia(11%) que también obtienen un porcentaje especial, argumentan que ellos producen más dinero, tienen más audiencia televisiva, por lo tanto, han de ganar más. Además, tienen un gran respaldo por parte de los equipos pequeños, ya que un 9% va destinado a los clubs de segunda, con lo que aumentarían de manera notable su presupuesto, y se asegura un 1% para los equipos descendidos, ya que, cuando un club desciende a Segunda División su economía se ve muy mermada. Dos ejemplos claros y recientes son la Real Sociedad y el Málaga, que debieron entrar en la Ley Concursal, es decir, aplazamiento de la deuda. Por otro lado, el segundo grupo argumenta que, con este reparto, la desigualdad frente a los dos grandes cada año se va haciendo mayor, siendo prácticamente imposible que puedan presentar batalla por alzarse con el título de Liga. Así, la competición está muy desequilibrada y resulta muy poco competitiva. Para ello, se aferran a modelos como el inglés, el italiano o el francés, un modelo equitativo, donde se reparte el dinero por la audiencia y por el puesto en la clasificación, reduciéndose así las diferencias de cobro.

Con esta situación, todos y ninguno tienen razón. Por una parte, el primer grupo liderado por los grandes se asegura una gran parte del pastel, siendo obvio que Madrid y Barça deben cobrar más porque son los que más generan. Además, asegurar la economía de los equipos modestos es fundamental para su supervivencia. Pero, por otro lado, es evidente que, cada año la distancia entre los dos colosos del fútbol es mayor, hasta llegar a ser abismal. No hay pelea, parece que la Liga se decide en una eliminatoria a doble partido entre culés y merengues. Realizar un modelo que llueva a gusto de todos resulta una auténtica quimera.

Personalmente estoy más a favor del segundo grupo que del primero, aun estando completamente de acuerdo en que hay que salvaguardar a los clubs que menos capacidad económica tienen. Con ese reparto equitativo, supondría para muchos clubes una inyección brutal de ingresos, permitiendo que los modestos funcionen sin ningún tipo de problemas a la hora de afrontar los pagos, y los clubs de, por así, decirlo, "clase media" puedan fichar a jugadores que a día de hoy están por encima del precio de mercado, y así poder luchar por ganar la Liga. Una cosa es que los dos grandes cobren más dinero por las razones ya argumentadas, amen de la historia y otros merecimientos, y otra cosa es la aplastante y desproporcionada diferencia de 100 millones de euros frente al tercer club que más cobra. Porque esos 100 millones se aumentan de forma progresiva, es decir, la diferencia al año siguiente será de 200, de 300 al otro y así sucesivamente, con lo que Barça y Madrid serían inalcanzables. Además, no por ello iban a dejar de ser los grandes equipos que son, porque siguen obteniendo muchos ingresos y tienen una mayor capacidad de endeudamiento al no ser Sociedades Anónimas.

Cierto es que los derechos televisivos no son la única fuente de ingresos de los clubes (aunque sí la mayor) ni eso te garantiza éxitos deportivos. La mala gestión de muchos equipos que viven por encima de sus posibilidades, mala planificación deportiva, partidos en los que son incapaces de ganar frente a equipos más débiles por cualquier circunstancia, etc. Hay un millón de variables, todas ellas debatibles y opinables, pero que no son el tema en cuestión. Lo cierto es, que los derechos de televisión es la primera piedra para que los clubes puedan crecer tanto económica como deportivamente, a lo que hay que añadir una buena gestión para resultar competitivos.


Tabla comparativa con lo que se cobra actualmente en las grandes ligas


La razón principal del debate es la nula competitividad en la Liga española, algo que también nos afecta a los aficionados. Muchos han argumentado que, en el resto de Europa, tampoco hay tanta igualdad como nos quieren vender. Si miramos los resultados de los últimos años, Chelsea y Manchester se han repartido los seis últimos títulos en Inglaterra (al igual que el Barça y el Madrid); el Inter se ha alzado con cinco scudettos consecutivos en Italia; en Francia el Olympique de Lyon fue una apisonadora hasta hace dos años, logrando 7 títulos seguidos y en Alemania el Bayern de Münich ha logrado cuatro de los seis últimos títulos disputados. Esa diferencia es evidente que existe, pero conviene analizar números más concretos.

Las mayores diferencias del primer clasificado respecto al tercero, tomando los seis últimos años en los diferentes países son: Alemania: 12 y 14 puntos; Francia: 22 y 23 puntos; Italia 13 y 35 (temporada en la que varios clubes empezaron con puntos negativos); Inglaterra: 18 y 21 y, España: 18 y 28. Cierto que son números similares, pero España tiene la mayor diferencia, teniendo en cuenta el condicionante de aquella temporada en la Serie A. Las diferencias mínimas son números más esclarecedores: Alemania: 4 y 5 puntos; Francia: 7 y 9 puntos; Italia 10 y 12 puntos; Inglaterra 4 y 7 puntos; España 5 y 13 puntos. Es decir, el segundo mínimo es superior a uno de los máximos de Alemania. Cierto es que en Italia parece que la lucha entre los tres primeros está como en la española. Nada más lejos de la realidad: el Inter dominador de los últimos años favorecido por el descensos de la Juventus, de equipos que contaron con puntos negativos al inicio de la temporada por los amaños de partidos, ocupa actualmente la sexta posición a nueve puntos del líder, el Milán, lo que indica, que la Serie A se va igualando.

La Liga española es poco competitiva, aburrida, sólo van a ganar uno de los dos grandes. No hay interés, ni emoción, se desangra. La competición se va pareciendo cada vez más a la Liga escocesa, esa dualidad Celtic-Rangers, que se han repartido los últimos 25 campeonatos. ¿Queremos eso para nuestra Liga?

* Imágenes usurpadas a la buena gente de DDF, un gran blog futbolísitco, ya que se las mango, por lo menos les doy un poquito de publicidad.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Grandes Películas de la Historia: Grupo Salvaje (VI)

Título: Grupo Salvaje
Título Original: The Wild Bunch
Director: Sam Peckinpah
Guión: Sam Peckinpah & Walon Green
Música: Jerry Fielding
Fotografía: Lucien Ballard
Reparto: William Holden, Ernest Borgnine, Robert Ryan, Warren Oates, Edmond O'Brien, Ben Johnson, Jaime Sánchez, Emilio Fernández, L.Q. Jones
Año: 1969 Duración: 140 mins Color
SINOPSIS: Una banda de viejos forajidos quieren dar el último gran golpe de sus vidas entre la frontera de México y EE.UU en medio de la revolución mexicana. Al otro lado, un grupo de federales y un traidor van en su busca






EL ÚLTIMO VIAJE


Grupo Salvaje es una de las obras cumbres del western, una monumental película del maestro "Bloody" Sam Peckinpah.

Peckinpah nos ofrece un western crepuscular lleno de pesimismo. Su ritmo narrativo es realmente denso, pero necesario para enseñarnos el horror. Nos muestra una nueva era en la que aparecen el automóvil y la ametralladora, un salvaje oeste moderno, lejos de los paradigmas del clásico. Retrata un mundo infernal, en el que los personajes se mueven por la codicia. Son corruptos, sucios, violentos y salvajes. Muy salvajes. Nuestra “querida” banda, son un puñado de hombres viejos, cansados, hartos del mundo, que saben que su destino está sellado: el infierno. Marchan hacia su último golpe, el de la retirada, el de nunca más. Quieren dejar de lado la vida cruel para pasar a una mejor. Todo ello orquestado por la magnífica dirección de Sam Peckinpah, igualando el mejor de los lirismos de Ford, pero dejando claro su impagable y demoledor estilo.

Los grandes temas de la cinta son la amistad, traición, el código de honor entre los hombres incivilizados, ambos temas alcanzan su cénit de la obra de Peckinpah, la codicia e incluso la redención. Todos buscan la redención, sus pecados deben ser perdonados intentando hacer algo bueno en esta miserable vida. Los diálogos son algo de otro mundo, ya no es que sean lapidarios, simplemente son apabullantes. Unos diálogos sobrecogedores, donde en todo momento se capta la tragedia de unos hombres sin futuro alguno. Saben cual es su destino y no hay forma de evitarlo.
El pesimismo se respira en cada plano. Como trasfondo, tenemos la revolución mexicana en los tiempos de Pancho Villa y donde los mexicanos son tan salvajes como los hastiados americanos, aunque no es el asunto principal de la película, ya que no es un film que se centre en los entresijos de esta guerra, sus temas son más universales que este, humanos, de mayor calado.



El traidor, el gran Robert Ryan


Peckinpah rueda con un pulso lento, pero capaz de manejar la cámara a su antojo contando con la impresionante fotografía a cargo de Lucien Ballard, que retrata a los hombres viejos en el nuevo oeste a la perfección Pero, lo mejor de la dirección, son sin duda las escenas de acción. Sam las condensa con un hábil montaje, preparándonos para la hecatombe que está a punto de estallar. La acción transcurre con el freno de mano echado, pareciendo que no va a sucede nada. Y, cuando lo hace, es sencillamente brutal. Los estallidos de la acción son su punto álgido. Peckinpah posee un sadismo exacerbado, cruento como él solo. Las escenas a cámara lenta sirven para darle más énfasis, en donde la sangre explota y nos impacta. Las dos matanzas del principio y del final, son de lo más sórdido de la historia del cine. Realmente llega a dar miedo.

Y todo ello con un formidable reparto. Empezando por Jaime Sánchez, un joven intrépido mexicano que sufrirá el mayor de los dolores. Warren Oates y Ben Johnson interpretan a una pareja de hermanos sucios y barbudos, violentos, mujeriegos y que sólo quieren dinero, con momentos cómicos. Emilio Fernández como el villano, un tipo que sólo quiere acumular riquezas y poder enfrentarse a Pancho Villa por el poder.

Después, tenemos a los cuatro mejores. Ese gran secundario que es Edmond O’Brien, un viejo inteligente, que vale para algo más que vigilar caballos. Está cansado, pero aún tiene ganas de vivir junto a sus compañeros de fatigas, sus amigos. Ernest Borgnine, como siempre en su línea. Es el amigo fiel, un hombre que no traicionaría jamás a los suyos. Un tipo desquiciado de la vida, que sólo piensa en mandarlo todo al carajo. Vive por y para su banda. Robert Ryan vuelve a deleitarnos con otra soberbia actuación. Es el traidor del grupo, un hombre que, por circunstancias, se ve obligado a ayudar a la ley para no volver al infierno. Desea la redención, pero añora a sus viejos amigos. Tiene remordimientos de conciencia tanto por su pasado turbio como por su presente, sabe que debe hacer lo correcto pero siente un gran pesar por atacar a sus antiguos amigos de fechorías. Y, una vez más, hay que quitarse el sombrero ante uno de los grandes: William Holden. Un tipo duro y rudo, cínico, el jefe del grupo. Su autoridad es aplastante, su forma de hablar no lo es menos. No ansía nada terrenal, quiere olvidarse de su pasado y de su presente. El resto del mundo no son más que obstáculos en su camino. Solamente se preocupa por sus amigos, sus colegas de viaje. Otra sensacional actuación.



Camino al infierno


Grupo Salvaje es el western crepuscular por excelencia. Es la despedida y el cierre. Es el adiós a una era y el inicio de otra. Ningún otro western ha sabido retratar mejor un mundo de pesimismo en donde los hombre viejos no tienen cabida. Un clásico inmortal para entender lo que fue y en lo que se convirtió el salvaje oeste.

Media IMDB: 8,1 (31.796 votos)
Media Filmaffinity:8,2 (12.896 votos)
Media Cinetrivia: 8,14 (7 votos)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Otra basura de Seminci

Si era feo el cartel del año pasado, el de este no tiene nombre


Acaba de concluir la LV edición de uno de los festivales más famosos del cine español, la Seminci vallisoletana. Y, como no podía ser de otra manera, ha vuelto a ser desastrosa, eso sí, mejorando en el tema de las entradas- no como en 2008- pero con una serie de proyecciones que, a la gran mayoría, le importan un pepino. El nombre del festival se ha de cambiar, casi que era mejor aquello de la Semana del cine Religioso. Ahora se llama Semana Internacional de Cine. Yo le pondría otro acrónimo, mucho más acorde con la realidad del festival: SEGASVA: Semana Gafapasta de Valladolid.

De todos es sabido que el gafapastimo es imperante en este festival. Películas traídas de todo el mundo, de países donde se hace un cine que poco o nada interesan al público, pelis densas, "sesudas" según algunos cuando en realidad no cuentan nada. No en vano, el mayor trofeo, la Espiga de Oro, ha sido otorgada a bodrios infumables tales como: Hierro 3, El Manantial de la Doncella o la aquí criticada Requiem por un Sueño. Dejando a parte la Sección Oficial, que ya sabemos de qué va y es una mierda, y en donde bien te compras el abono, o madrugas lo suyo para intentar ver una peli, el tema en cuestión es el de los ciclos.

Sigo sin entender por qué hay dos secciones de premios paralelas, como son las de Punto de Encuentro y Tiempo de Historia. La primera de ellas, es para dar cabidas a nuevos realizadores, a los cuales, se les puede meter perfectamente en la Sección Oficial de cortometrajes. La otra, son simplemente documentales. Pues venga, a meter tropecientos documentales y que participen en un concurso. La pregunta es sencilla: ¿por qué no pueden ir largometrajes y documentales en un mismo saco? Bowling for Columbine estuvo en Cannes luchando por la Palma de Oro. Pues todos los años la misma vara con los mismo ciclos, para dar más premios, gastar más pasta y traer a más gente, a costa de no ofrecer una mayor variedad de películas.

Pero, lo que ya es de traca, es que todos los malditos años se celebre el Ciclo Spanish Cinema. Y no lo digo por algún mal pensado que crea porque detesto el cine español- ese es otro debate, cierto es que apenas le tengo simpatía alguna- sencillamente porque el ciclo consiste en proyectar películas estrenadas el año pasado, y que ha podido ver todo el mundo durante meses. No tiene ningún sentido. Si quieres promocionar el cine español, hazlo retomando clásicos, como el ciclo de Carlos Saura del año pasado (al que a punto estuve de asistir para ver alguna de sus películas) o sobre cualquier otro director, actor o guionista.


El precioso teatro donde se representan las gafapastadas


El cupo se va reduciendo hasta, en este año, quedar sólo libres tres ciclos. De los cuales uno, llamado "Sesiones Especiales", sólo cuenta con tres películas. Otro de ellos es con el país invitado, Brasil que, aunque se haya hecho en más ediciones de momento no es una costumbre fija la de hacer un ciclo de un sólo país. Lo curioso de este ciclo, que trató sobre las películas brasileñas de la última década, no se dignaron a proyectar su obra más famosa, Ciudad de Dios, con la cual darían un gran deleite al público. Esperemos que no se de como algo fijo, sino, el asunto se reduce aún más, teniendo en cuenta que, lógicamente, el último de los ciclos es del galardonado al que se le hace entrega la Espiga de Honor, en este caso el recientemente fallecido Claude Chabrol. Cierto que podría haber acudido a ver alguno de sus films, pero es que se te quitan las ganas.

El propósito de este artículo, no es otro que el de reivindicar que se pueden hacer ciclos infinitamente mejores, que no es necesario todos los años el mismo gafapastismo de siempre y dar las Espigas de Oro y Honor a los mismos de siempre, en resumidas cuentas: la misma mierda de siempre. Hace falta mucho más cine clásico para enganchar a los cinéfilos jóvenes. Además, en tiempos de crisis, donde la mayor parte de la recaudación del festival va a parar a manos de la organización, qué mejor manera de asegurarte el lleno en las salas que con grandes clásicos. Como se hiciera en 2007 con el maravilloso Ciclo de Cine de Juicios, donde apunto estuve de ver casi todas, se pueden hacer ciclos de subgéneros o de temas concretos. Te marcas un ciclo de westerns crepusculares, pones unas de Clint o Peckinpah, o El Hombre que Mató a Liberty Valance y lo petas. De linchamientos, leéis bien, películas que tratan el asunto de los linchamientos. Pones las maravillosas Incidente en Ox-Bow, La Jauría Humana y Furia, buceas por la filmografía mundial donde seguro que hay un montón de títulos sobre el tema, y te sale un ciclo bueno y original. Uno de la guerra de Vietnam, con Platoon, Apocalypse Now o La Chaqueta Metálica y el disfrute en pantalla grande sería impresionante. O de otras infinitas guerras. Cine de espías, dramas carcelarios, vampiros, deportes, periodismo de investigación, peplums, antiguas civilizaciones, serie B y Z, exploitation, cine dentro del cine, la pena de muerte, el sueño americano... ¡anda que no hay cantidad de temas que ha tratado el cine!

Es evidente que, la Seminci, es un festival dirigido al público selecto que sólo ve pelis iraníes y que las ve para hacerse el guay y el entendido. No es menos cierto que, a la hora de hacer ciclos, están carentes de imaginación. Falta frescura y originalidad. Siempre la misma murga con pelis que, probablemente, ni se proyecten en las salas comerciales, y ni siquiera salgan en dvd. A lo mejor ni te las puedes bajar. Su director, Javier Angulo, habla de variedad. No intentes mentir, no cuela, el festival es la basura de todos los años. Se preguntaba la periodista Liliana Fernández si el la Seminci era para snobs. La respuesta es un rotundo sí, es más, la respuesta se debería hacer con otra pregunta: ¿acaso lo dudas?

miércoles, 20 de octubre de 2010

En Cartel: Machete (VII)

Título: Machete
Título Original: Machete
Director: Robert Rodríguez, Ethan Maniquis
Guión: Robert Rodríguez
Música: John Debney, Carl Thiel
Fotografía: Jimmy Lindsey
Reparto: Danny Trejo, Steven Seagal, Robert de Niro, Jessica Alba, Lindsay Lohan, Michelle Rodríguez, Cheech Marin, Jeff Fahey, Don Johnson, Shea Whigam
Año: 2010 Duración: 105 mins Color
SINOPSIS: Machete es un ex-federal mexicano al que ofrecen 150.00 dólares por matar a un senador ultraconservador que está totalmente en contra de la inmigración. Cuando se dispone a hacerlo, intentará resolver la conspiración, limpiar su nombre y buscando venganza...








Tras unas semanas con una gran vagancia encima, con ideas pero sin ganas de escribir, vuelvo del reino de la oscuridad y resurjo cual ave fénix, para volver a la palestra. Prometo que, antes de fin de año, escribiré un artículo que hará saltar chispas tanto o más que el de la incultura musical. Si hasta creo suspense y todo. Tras estas líneas penosas y lamentables a modo de introducción, vamos al tema: Machete.

EL TRAILER QUE SE CONVIRTIÓ EN PELÍCULA


Machete es el nuevo y largamente esperado film de Robert Rodríguez, que fue concebido como un trailer cómico dentro de gran película Planet Terror y que, tres años después, por fin se puede ver en pantalla grande.

Y la película da lo que el trailer ofrecía. Tiros, violencia desmesurada con sus buenas dosis de sangre, acción a saco, dureza extrema, tías buenas y mucho, mucho cachondeo. El film es un disfrute de principio a fin, aunque bien es cierto en el que hay momentos en donde el ritmo decae y tiene más de un pasaje aburrido. Pero, en general, es un puro divertimento con el sello inconfundible de Rodríguez, con un final más cachondo y surrealista si cabe.


¡Qué puto durezas eres, Danny!

En la película encontraremos la devoción del director texano que tiene con la Serie B, metiendo fallos de continuidad muy evidentes y exagerados. Además, es un film en donde el argumento claramente es lo que menos importa, no se toma en ningún momento en serio a sí misma y eso lo consigue, porque si algo caracteriza al cine de Rodríguez, es la parodia al cine de acción. Y, la verdad, haciendo eso de manera deliberada, es indudablemente el mejor. No es un virtuoso, no es un gran contador de historias, pero sus películas son una gozada. El sátiro del cine de acción. Además, hace un homenaje a esas viejas glorias del cine de acción como son Danny Trejo y Steven Seagal, donde por una vez se invierten los papeles ya que el primero de ellos hace de bueno y el segundo de malo.

En esta cinta, Rodríguez toca el tema de la inmigración, pero sin llegar hasta el fondo de la cuestión. Sinceramente, un film con las características que posee Machete no puede tratar a fondo un tema tan complejo y complicado como lo es el de la inmigración. Para eso tendría que hacer un film mucho más serio e incluso político, no una sátira de acción. Lo único que sacamos en claro sobre la postura que tiene Rodríguez sobre la inmigración, es que adora al pueblo mexicano (él tiene raíces mexicanas) y esa crítica en forma cómica del clásico senador republicano fascista, que odia a todos los que no son de su raza.

En cuanto a las actuaciones, poco que resaltar. Las chicas Lindsay Lohan (haciendo casi de sí misma, ejem) Jessica Alba y Michelle Rodríguez cumplen con su papel a la perfección: unas cachondas de infarto que calientan al personal enseñando carne y tías duras. Porque no olvidemos que a Rodríguez le gusta tanto enseñar el cuerpo de la mujer como mostrarlas como mujeres duras, de armas tomar, con fuerte personalidad y que no se arrugan ante nadie, unas tías duras en toda regla.


¡Estás demasiado orondo, Steven!


Robert de Niro lleva años sin ofrecer clases de interpretación como lo ha hecho a lo largo de su extensa carrera, pero cumple sobradamente. Es el senador ultraconservador, una auténtica parodia. La verdad, prefiero ver al gran de Niro en un papel satírico riéndose del personaje y hasta de sí mismo, que verle deambulando en productos de más que dudosa calidad. Steven Seagal, una lástima que aparezca poco, debería haber salido más, cumple con su papel de malo maloso. Viéndole aquí comprendemos por qué no aceptó el papel para Los Mercenarios, porque está demasiado fondón. Y gran Danny Trejo. Sí, parece que tiene parálisis facial y que no mueve un músculo, pero es una delicia verle al fin de protagonista, siendo el más duro de todos, pegando tiros y rajando con su machete. Un crack.

Machete es otra gran peli de Rodríguez, una gamberrada políticamente incorrecta para algunos, con momentos desternillantes. Que sigan por mucho tiempo las gamberradas de este infravalorado director
.

Media en IMDB: 7,4 (20.602 votos)
Media en Filmaffinity: 6,3 (5.162 votos)
Media en Cinetrivia: 7,5 (6 votos)

martes, 28 de septiembre de 2010

Miniseries: El pequeño gran formato

Pedazo de miniserie, pedazo de cartel


La miniserie es un formato televisivo que apenas las productoras se han atrevido a explotar. Y la verdad es que es una auténtica lástima. Es otro medio audiovisual diferente que sirve para contar historias, al igual que las películas o las series de larga duración. Pero está desaprovechado. Su fama está a la altura de los telefilms, películas de encargo con actores noveles para la televisión que dan vergüenza ajena. Uno no comprende como las productoras hacen películas de baratillo para que después sirvan a las grandes cadenas como relleno y no apuestan por este formato devaluado.

La miniserie ofrece ventajas. Cierto es que las productoras de cine no son muy dadas a la hora de realizarlas, porque suponen un coste más elevado que el de una película. No son pocos los films que han tenido un exceso de metraje y los directores han tenido que recortarlo para tener que exhibirlas. Películas que serían de cuatro o cinco horas y que bien se podrían dividir en dos (como Novecento o Kill Bill) y se pudieran exhibir tranquilamente en los cines con una pausa, o en días diferentes. Sin duda, estas películas largas es, en cuanto al cine se refiere, lo más cercano a una miniserie.

La otra parte positiva de este formato, es que a las productoras les cuesta mucho menos que una serie de varias temporadas. Menos salarios a todo el equipo creativo, menos inversión en mantener lujosos escenarios- uno de los motivos por los que tristemente se canceló la maravillosa Deadwood- etc. Además, al ser más larga que una cinta mostrada en la gran pantalla, se pueden recrear en los detalles, no omiten absolutamente nada y cuentan una historia larga que puede hacer las delicias del espectador. Más corta que una serie, más larga que una película, un gran formato que se debe explotar, porque ni recorta en minutos la historia como un film, ni se hace sempiterna y repetitiva como le sucede a infinitas series.

Pues bien, con todo lo que ofrece la miniserie, sigo sin entender su escasa utilización. Sólo la grandiosa Hermanos de Sangre, una producción de Steven Spielberg y Tom Hanks y que fue llevada a la pequeña pantalla de la mano de HBO, tiene la categoría de ser una miniserie de culto. La más famosa, la más venerada y loada, a la altura según gran parte de la critica y el público de grandes clásicos del cine bélico. Sólo Hermanos de Sangre ostenta esa consideración, el resto de miniseries tienen sus adeptos, sí, pero siguen estando infravaloradas. The Pacific es la última miniserie del binomio Hanks-Spielberg. Y la nada desdeñable Generation Kill, una visión hiperrealista de la Guerra de Irak, un cuasi-documental sobre los soldados americanos y las acciones que allí desempeñan, debería tener mayor prestigio del que posee.


La hasta ahora exitosa adaptación del best-seller


Pero hay un halo de esperanza para este formato. El reciente estreno de la adaptación del best-seller de Ken Follett, Los pilares de la Tierra- que ni he leído, ni he visto, ni ganas de momento que tengo- ha tenido un gran éxito en nuestro país. Más de cinco millones vieron el primer episodio (sólo fue superado por el Barça- Panathinaikos) y más de tres tuvo el segundo, siendo el programa más visto del día. Las audiencias son realmente formidables. La novela tiene mil paginas y, llevarla al cine sería una quimera, puesto que tendrían que recortar la historia por todas partes. No sé si es fidedigna o no, pero la novela de Follett sirve como ejemplo ilustrativo de que es un texto carne de miniserie. Se adapta perfectamente a este formato, dada su extensión, muy larga para los cines, muy corta para una serie larga. Desconozco los datos de audiencia de otros países, pero aquí está triunfando y eso puede servir para que otras productoras se animen y tomen ejemplo de lo que puede dar de sí una miniserie.

Ya sé que sería mucho pedir que las productoras se suban al carro con este formato debido a la escasez de ideas que impera en Hollywood, aunque teniendo el experimento del 3D para volver a tener grandes beneficios, parece que van a explotarlo. Además, es difícil saber si el espectador que acude a las salas estaría satisfecho, dado su alto precio y que además se queja- no sin razón- de que hay últimamente demasiados films que duran dos horas y media y que se alargan innecesariamente. Por pedir que no quede, ojalá se exhibieran las miniseries en cines, pero habrá que conformarse con que den el gran salto a la televisión.

Hay muchas historias que contar, adaptar grandes novelas de larga duración, o contar la vida de personajes históricos. Y este formato es el ideal para todos ellos. Ojalá cambie esa tendencia de referirse a las miniseries de forma despectiva, como quitando a este formato méritos o importancia y se empiece a hablar de su grandeza y se le tenga una mayor admiración y respeto. Estamos en una época en la que las series tienen una mayor consideración que las películas actuales, puede tener cabida la miniserie en esta dura pugna. Esperemos que así sea.

martes, 21 de septiembre de 2010

Proteger a los futbolistas

Tras las lesiones en tres jornadas de Liga transcurridas, de tres grandes futbolistas como son Cristiano Ronaldo, Kun Agüero y Messi, el debate en torno a la protección de los futbolistas ha alcanzado su auge esta semana, tras el pisotón que le propinó el defensa colchonero Ujfalusi a Messi. Periodistas, futbolistas y entrenadores se rasgan las vestiduras con una cantinela sobre la protección, que viene infundada por el simple hecho de que esos tres futbolistas tienen un eco mediático del que no gozan la gran mayoría de futbolistas de Primera División. Un inciso, es curioso ver cómo Eduardo Inda, director de Marca, pone el grito en el cielo por la entrada a Messi, cuando él fue el autor de la frase "hay que pararle por lo civil o lo criminal" por mucho que diga que esa sentencia se la copió a Luis Aragonés.

Pues bien, el asunto de la protección a los futbolistas me parece una memez absoluta. Parece una consigna, algo que debemos hacer todos, aportar nuestro granito de arena y no fomentar la violencia del fútbol y sí el fair-play pero la expresión "proteger a los futbolistas" es imposible e inviable . Todas esas buenas intenciones son muy bonitas pero si no juegan con una armadura medieval- lo sugería Josep María Casanovas, director del diario Sport de manera lamentable- van a estar expuestos a un montón de patadas. Porque no hay que olvidar que el fútbol es un deporte de contacto.

La cuestión está en que los árbitros deben aplicar el reglamento. Pues bien, en este caso, la entrada de Ujfalusi no es de roja directa- sí, creo que soy el único que lo piensa- es de segunda amarilla, ha supuesto por desgracia la lesión de Messi, el árbitro ha actuado en consecuencia, se le sancionará al checo con uno o dos partidos y a otra cosa. Messi en dos semanas volverá a darnos alegrías para la gracia de los culés y santas pascuas. ¿Qué más podía hacer el árbitro? Nada, ha obrado en consecuencia. En otros casos, en los que un equipo utiliza un juego duro, a base de hacer faltas, si el árbitro considera que son bruscas, las sancionará pronto con amarillas para ese equipo y, a lo mejor, se amilanan y no cometen tantas faltas. Aun dándose ese caso, la acción del árbitro no te garantiza en absoluto que has protegido a los futbolistas del otro equipo. Si un entrenador les dice a sus jugadores que para frenar al contrario hay que hacerlo a base de faltas, lo hacen durante todo el partido. Es su tarea, su forma de intentar llevarse el partido. Y el árbitro no va a impedir que sigan cometiendo faltas por muchas amarillas que saque. En un lance del juego, puede haber una lesión y, aunque el árbitro haya sacado nueve amarillas al equipo del infractor, no lo va a poder impedir. Lesiones ha habido, las hay las habrá siempre, es una circunstancia desgraciada en la práctica del fútbol pero que todos tenemos que tener en cuenta. Es imposible proteger a un jugador, porque puede lesionarse en cualquier momento.

Ni mucho menos estoy defendiendo el juego sucio, sí defiendo la intensidad, no la agresividad. Una cosa es dar patadas de roja y que no se sancionen cada dos por tres y otra muy distinta es impedir que un equipo que intenta atacar se le frene a base de faltas. A este trío de jugadores excepcionales, la única forma de pararles es haciéndoles falta. Como a estos, a Rooney, a Drogba, Cesc, Eto'o, Milito y a todas las grandes estrellas del fútbol mundial. Y se lesionarán o no, pero no se puede impedir que un futbolista haga una falta. Pueden sacarle amarilla, roja o sancionarle con varios partidos. Es ley de fútbol, es un deporte de contacto y hay un montón de faltas en cada partido y un montón de lesiones, sólo que no tienen tanta repercusión si son de jugadores menos mediáticos.

En estos días, periodistas y aficionados se dedican a tirar de videoteca para hablar de otras grandes entradas. La entrada de Figo a César Jiménez, jugador del Zaragoza que no volvió a jugar al fútbol. O la entrada de Touré Yayá a Matuzalem. O la de Diawara a Crisitiano. O la de Giovanella a Manuel Pablo. Y, remontándonos aún más lejos en el tiempo, el pisotón de Simeone a Julen Guerrero o la entrada de Goikoetxea a Maradona. Y, aunque en algunos casos donde tristemente no se sancionaran a los infractores (lo que es vergonzoso) el caso es que sí tuvieron eco y tuvieron mucha repercusión. Pero, aunque yo no nací cuando lo de Maradona y era pequeño cuando lo de Julen, no recuerdo en el resto de jugadas que se montara un absurdo debate sobre la protección de los futbolistas. Y son ejemplos elocuentes, muchísimo más duros que las entradas a Cristiano, Kun y Messi.

Al margen del absurdo debate, lo que ya es demagogia barata es que se deba sancionar al infractor con el mismo tiempo que esté de baja el damnificado. Todos recordamos la nefasta actuación de Pepe pateando a Casquero y dando un puñetazo a Albín. Fueron diez partidos. Sanción justísima que nadie objetó, ni siquiera el Real Madrid. Por equiparar tiempos de baja y sanciones ¿Qué hacemos, le metemos ocho partidos a Diawara por lo que le hizo a Cristiano? ¿Veinticuatro partidos a Touré por lo de Matuzalem? Y a Figo había que haberle retirado también, ¿no? Falta un poco de seriedad y de cordura en todos estos casos de lesiones.

Las lesiones son una desgracia, un infortunio, algo que no nos gusta a nadie. Y el juego sucio tampoco. Pero hay ocasiones en las que se magnifican las cosas, se exageran hasta el extremo y se dice mucha tontería en pos de las buenas intenciones. Proteger a los futbolistas es imposible, no se puede hacer, no hay forma ni manera. Basta ya de tanta parida.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Incultura Musical

¡Escuchad a la Credence, coño!


Como ya escribiera hace unos cuantos años para ese fanzine llamado Smecta (a ver cuando el señor editor se digna a aparecer por estos lares) vuelvo a recurrir a un tema muy manido, del que siempre estoy hablando y que nunca entenderé. Y es que el nivel musical que hay en este país es vergonzoso, los gustos de la gente están realmente atrofiados. Yo no sé si es desidia por no intentar buscar músicas diferentes o simplemente están todos aborregados por los medios, porque quieren estar adaptados a su entorno y no desentonar.

Estoy hasta el gorro de esa mierda. Y todos saben a lo que me refiero. Las canciones del verano lamentables, pachangueo puro, ese pop tan baboso que da náuseas. El flamenquito cutre también conocido como gitaneo, no confundir con artistas de puro flamenco de la talla de Paco de Lucía, Camarón, Morente o el Cigala, artistas de verdad, me refiero a Camela y sucedáneos. O ese rock que nos intentan vender, que no es más que pop con guitarras con algo de distorsión, con esos grupúsculos a la cabeza como son El Canto del Moco, Pereza o Pignoise (pena que te lesionaste cuando jugabas al fútbol, Álvaro, nos hubiéramos ahorrado tu mierda) esos tipos que cantan como si estuvieran vomitando y de los que han salido mil y un clones, ya que cualquiera puede tocar eso. Toda esa música nos bombardea día y noche en los medios, los centros comerciales y los bares.

Pero es que hasta tengo la desgracia de sufrirlo en casa. Los nuevos e insoportables vecinos que se van regenerando año a año, siguen poniendo mierda. Rejjjjaetón, chundarata, boleros, baladitas en plan moñas... Y sufro, porque cuando oigo esa mierda, mis oídos (y los de cualquiera con un mínimo de criterio) detectan la mierda y se desgastan. Son dañinos para el cerebro. Cuando alguien pone una de Bisbal, reggaetón, Amaral etc, algo debe fallar en su cerebro. Las conexiones neuronales tienen que estar en off. ¿No se dan cuenta de que están escuchando pura mierda? ¿Que son malos para la salud? Parece ser que no.


Mis ojos no dan crédito. Sellos de la movida. Así va el país...


Luego están los que lo bailan en las discotecas pero saben que es lo peor de lo peor y entre este grupo, están muchos de mis amigos. Al estar borrachos, no pasa nada, debe ser cosa del cerebro también, que hace que todo te de igual. Pues bien, yo debo ser un bicho raro, porque esa música me martillea aún más la cabeza, la hace más insoportable. Es más, te puede bajar el alcohol de manera considerable. Bailar por bailar siempre me ha parecido patético y, como intento de ligar con una piba, al margen de que yo haría el ridículo, muchos deberían aplicarse el dicho: "si no sabes torear pa' qué te metes". La música tiene que salir de dentro, del corazón. Estos tipos sólo hacen basura porque saben que van a vender un porrón y se van a forrar, estoy convencido de que la mayoría lo hace por dinero. Es música falsa, sin sentimiento, todo por la pasta.

¿Y toda esta proliferación de incultura a qué se puede deber? Al margen de lo citado en el primer párrafo, conviene repasar lo que ha pegado fuerte en los últimos años en este país. En los '60 y '70, triunfaban Fórmula V, Los Bravos, Los Brincos, Marisol, Concha Velasco, Karina... vaya nivel. Los tipos raros en este país eran los hippies, porque conozco a cuatro gatos de esa época que escucharan a Jimi Hendrix. Luego llegó la mayor escoria de todas, la sobrevalorada, mitificada y hasta considerada de culto por algunos, movida madrileña. Lo peor que le podía pasar a este país en el panorama musical era derivar hacia esto. Alaska, Radio Futura, Gabinete Caligari, Antonio Vega, Los Secretos... En fin, moñas pardillos sin un ápice de clase y esos "siniestrillos" que iban con pelucones y hacían canciones technoides de lo más patéticas. Seguimos acaballo entre los '80 y '90 y más de lo mismo: Seguridad Social, El Último de la Fila, Mecano, Alejandro Sanz... más de lo mismo hasta hoy, con la explosión del bakalao, las mierdas del verano y los plastas de OT. El que ha pegado fuerte este año es el tal David Jeta-Infetca, un gabacho caradura que se dedica a hacer una base unda-umch con la voz de un fulano o una mengana por encima. ¿No dan ganas de pegarle cuatro tiros cuando oyes eso? A mí sí, será que llevo un asesino dentro reprimido. La pena es que ahora no se compran discos, pero siempre me he hecho la misma pregunta: ¿Qué mierda de colección de discos tendrá esta peña? Me haría gracia comprobar cómo se avergüenzan de tener discos que ni se acuerdan de haber comprado.

Pero ojo, que el caso particular de este país es grave, pero no, la inmundicia se expande y la gente escucha basura a nivel mundial. Londres, Picadilly Circus, un barrio famoso por sus tiendas de discos. Una discoteca petada. Suena La Bomba del tal King África- ¿qué ha sido de él?, jaja-. Primera reacción: "¿Cómo ha podido llegar esta canción aquí?. Segunda reacción: "acojonante, todo el mundo está bailándola y la cantan penosamente". Tercera reacción: "Definitivo, la gente no tiene criterio y la hediondez nos invade" Cuarta y última reacción: "Estamos jodidos".


Y lo que le he hecho al David Jeta es poco. Soy malo en el paint...


Bien, pues es que hay una gigantesca cantidad de música que no salen en todos los medios cada dos minutos. Rock, Heavy, Jazz, Blues, Folk, Soul, Country- que cada vez me parece más elegante si está bien hecho, ojo no me de por el country- y muchos estilos más. Esa música maravillosa, esas canciones que las reconoces con los tres primeros acordes. Comentaba con un colega que escuchar a Cream es lo más comercial y normal del mundo. Y lo sostengo, lo que pasa es que en este país no sólo no sucede, sino que eres el tío más raro del mundo (y hasta culto si me apuras) porque te gustan. Eso es lo que debería ser lo normal, hasta lógico. Cuando toda esta peña se emocione con esa combinación de golpes de batería y después esos riffs maravillosos del War Pigs de Black Sabbath o ese solo de guitarra, con el alarido de Robert Plant con el crescendo, sólo de bateria para volver al riff principal y otro redoble y yo que sé !!¡la puta parte del medio de Dazed and Confused, joder!!!!! cuando entiendan que eso es música de verdad, auténtica, sin gilipolleces, empezaremos a entendernos y ellos tendrán algo de cultura musical.

jueves, 9 de septiembre de 2010

La clasificación para la Eurocopa/Mundial

Podemos disfrutar mejor de nuestra selección


Pues sí, vuelvo a escribir antes de lo esperado y es que me he tomado una nochecita de descanso para dar caña el fin de semana. Además, quería aprovechar los recientes partidos de España para comentar el tema, que surgió en un debate interesante en el gran blog de fútbol DDF, que daba para un artículo.

La clasificación que disputan las selecciones para un torneo importante como es la Eurocopa o el Mundial es un coñazo de proporciones biblícas. Primeramente, porque interrumpen la Liga cada dos por tres. Uno lleva un montón de tiempo esperando a que comience el torneo de la regularidad y, a la primera jornada y todos los años, ¡zas! se interrumpe porque tienen que jugar las selecciones. Y, en el caso particular de España, colocan un amistoso tres días después en el otro lado del Atlántico, lo que supone cansancio y desgaste para los jugadores. Que me llamen oportunista porque España ha empatado con México y ha sido sonrojada por Argentina en los dos últimos amistosos, pero este tipo de partidos son innecesarios. Las Federaciones se dedican a montar pachangas para después llenar el cazo. Y son encuentros que molestan y que no les interesa absolutamente a nadie. Además, cargan un calendario que está repleto de partidos, luego los jugadores se lesionan, no rinden bien el partido siguiente, etc. El denominado Virus FIFA, un mal que atenta a los grandes clubes.

Una de las formas de aligerar el calendario(al margen del debate perdido sobre la Copa del Rey, que debería ser a un sólo partido) es la de cambiar el criterio de clasificación para los grandes torneos, porque resulta absurdo. En la UEFA están inscritas 53 selecciones a pesar de que algunas de ellas se encuentran geográficamente en el continente asiático. Y juegan por el sistema de la liguilla todos contra todos, divididas en grupos de entre cinco y seis equipos. Este sistema lo que hace es que las selecciones jueguen como mínimo ocho partidos, más los viajes al extranjeros. Además, su distribución es penosa: empezaron el viernes (han tenido e detalle de poner los partidos viernes y martes para perjudicar algo menos a los clubes) y no terminarán hasta el año que viene. Así, al espectador medio, los partidos de clasificación le importan un rábano, dando por hecho que su selección se clasificará seguro, como es el caso de España, Alemania, Italia etc.

Este sistema de clasificación merece un renovado de manera urgente. Como se hace en otras confederaciones como en la CONCACAF (América del Norte y Central), Asia y África, las selecciones con menor coeficiente FIFA disputan una eliminatoria previa a doble partido para reducir selecciones. Cierto es que, en la práctica, en estas confederaciones juegan una mayor cantidad de partidos, pero así reducen el número de equipos menores que se enfrentan a los grandes de cada continente. Pues eso se debería hacer en Europa. Cuando vaya a empezar la fase de clasificación, un número X de equipos deberían estar exentos de esa ronda previa y jugar la fase de la liguilla. Ese número dependerá de si hay anfitriones que están clasificados directamente para el torneo- Polonia y Ucrania este año- y para que cuadren las eliminatorias para que en la fase previa se enfrenten un número concreto de equipos. Mi propuesta sería que la jugaran 32 equipos en grupos de 4. 13 selecciones se clasificarían para esa previa directamente y otras 19 saldrían de la ronda previa. Como se tienen que clasificar 14 equipos porque ya hay dos, pasarían los ocho primeros de cada grupo y los cuatro mejores segundos. Luego, entre esos cuatro equipos restantes, una repesca. Podéis hacer las cuentas porque cuadran.


El trío calavera


En segundo lugar, este torneo debería realizarse en muchísimo menos espacio de tiempo. Se podría jugar perfectamente en un mes a final de temporada, en Junio. Cada selección disputaría seis partidos, se pueden jugar cuatro en fin de semana y dos entre semana. Sería bueno para el espectáculo, para los clubes y para la competitividad del fútbol. Como se reduciría el calendario por la exclusión de estos partidos, la temporada acabaría antes y se disputarían estos torneos de clasificación con tranquilidad. Ya está bien de partidos entre las competiciones de clubes, porque ahora apetece Liga y Champions por encima de todas las cosas, no pachangas insulsas.

¿Y todo esto por qué? Muy sencillo. Al reducirse el número de equipos las selecciones serán de mayor nivel. Los partidos serán muy interesantes. Ya está bien de ver jugar a grandes equipos contra Andorra,Islas Feroe, San Marino, Liechtenstein, Malta, Kazajistán o Luxemburgo. Todos tienen derecho a jugar, cierto, pero estos equipos reciben soberanas palizas cada torneo. Dan sorpresas puntuales sí, pero nunca llegan a un gran torneo. Además, nunca van a dar un gran salto cualitativo debido a su escasez de medios y a su bajísima población. Hace dos años, Inglaterra no se clasificó para la Eurocopa de manera incomprensible. Sus verdugos fueron Rusia y Croacia. Añadir a esas dos selecciones el nombre de otro semifinalista de la Eurocopa, Turquía y cambiar Inglaterra por España. ¿Se imaginan un grupo para clasificarse para un gran torneo con España, Rusia, Turquía y Croacia? Ni en la misma Euro. Es un caso que se podría dar, sería precioso.

Además, con esto, se crearía una cultura de selección en este país. Sí, todos nos vimos el Mundial y disfrutamos mucho. Pero, a la gran mayoría de futboleros en España, no les interesa la selección más que en los Mundiales. Me incluyo. Porque doy por hecho la clasificación. Porque no me motiva tumbarme en el sofá y tragarme un insustancial Lietchenstein- España. Así, podría disfrutar de mi selección más veces que cada dos años. Todos los años, con intensidad, en un sólo mes. Y los clubes no saldrían perjudicados. Gana el fútbol y el espectador. Pero ya se sabe, la incompetencia de la UEFA y de la FIFA que son las encargadas de elaborar estos calendarios, es impresionante. No es cuestión de rajar ni de Villar, ni de Platini, ni de Blatter, pero con otros dirigentes con una perspectiva diferente y una manera transparente de hacer las cosas, esto podría cambiar. Eso sí, me quejo yo que soy europeo, los de otros continentes estarán que trinan porque las clasificaciones para el Mundial las empiezan el año que viene.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Grandes Películas de la Historia: El Hombre que Mató a Liberty Valance

Título: El Hombre que Mató a Liberty Valance
Título Original: The Man who shot Liberty Valance
Director: John Ford
Guión: James Warner Bellah & Willis Goldbeck
Música: Cyril J. Mockridge
Fotografía: William H. Clothier
Reparto: John Wayne, James Stewart, Lee Marvin, Vera Miles, Edmond O'Brien, Woody Strode, Andy Devine, Lee van Cleef, Jeanette Nolan
Año: 1962 Duración: 120 mins B/N
SINOPSIS: Un senador anciano relata la historia de su llegada al Oeste, donde cuenta lo que realmente sucedió en la leyenda. Al llegar, es atacado por el bandido más temido, Liberty Valance...








Antes de empezar, quisiera hacer varios apuntes. Empiezan las fiestas de Valladolid, así que, entre fiesta y resaca tardaré varios días en publicar algo. Eso sí, rondaré por los comentarios. El Hombre que Mató a Liberty Valance es, mi quinta peli favorita, sí. Como ya dije en el primer post de esta sección que abrí con la crítica de El Padrino, esta es la última película que va en orden según mis gustos. A partir de la sexta entrega de Las Grandes Películas de la Historia, el número que viene al lado del título pasa a ser irrelevante, simplemente se trata de otra obra maestra que merece estar en esta sección. Y, por último y no menos importante, si no has visto la película, te recomiendo fervientemente que no leas ni el antepenúltimo ni el penúltimo párrafo, porque en uno destripo la escena de escenas y en el otro cuento el final de la peli. Y, cuando la veáis (ya estáis tardando, pazguatos) comprenderéis por qué lo escrito. Basta de rollos y vamos al lío.

¡QUÉ GRANDE ES EL CINE!

El Hombre que Mató a Liberty Valance es la obra maestra absoluta de ese genio irlandés llamado John Ford.

En plena madurez creativa, Ford se encarga de dar carpetazo al western clásico de una manera asombrosa, género que él mismo se encargó de encumbrar en un buen puñado de obras. Para ello, realiza numerosos cambios sustituyendo los paradigmas del western, por otros más modernos. Monument Valley no tiene cabida en esta cinta. Los espacios abiertos se terminaron, todo se desarrolla en sombríos interiores, entre bambalinas, sin esas largas persecuciones a caballo. No hay indios, no hay séptimo de caballería, apenas hay alguna diligencia. Ford demuestra que también es un genio sin un director de fotografía a color de sus enormes desiertos, se mueve como pez en el agua en esos planos oscuros. Es el cambio, es la evolución. Ford mira con nostalgia desde la perspectiva de Ramson Stoddard un tiempo pasado, mítico, pero que toca a su fin.

Los temas principales que se encuentran en este film son muy variados, todos ellos ligados a la época de transición que estaba viviendo el far-west. La llegada del ferrocarril, deja a un lado las diligencias y los caballos de los vaqueros. El eterno conflicto entre granjeros y agricultores por las tierras. Normalmente, en cualquier película de Ford, este dilema se hubiera resuelto a tiro limpio, en una batalla campal entre ambos bandos que se hubiera saldado con un montón de muertos y de sangre en el desierto. En esta ocasión no se trata de eso, no, Ford lo resuelve con una reunión en la que cada uno expone sus ideas pacíficamente, dialogando. Es el principio de la democracia.


¡La escena del bistec! ¡Ole!


Esa misma democracia la vuelve a exponer en la escena de los mítines para llegar a Senadores, que resulta muy esclarecedora. Ya por aquél entonces, tanto periodistas como abogados y jueces tenían el toro cogido por los cuernos, cortaban el bacalao en la política. Además, Ford hace una sutil crítica a toda esa parafernalia tan yanqui y tan republicana que envuelve a las elecciones, mostrándonos la llegada de uno de los aspirantes al estrado, presentada por un tipo montado a caballo y disparando.

Pero lo que más destaca, es el enfrentamiento entre el hombre del Este y el hombre del Oeste. El hombre del Este es alguien culto, letrado, muy educado y de buenas maneras. Viste bien, es amable, todo intenta resolverlo a través del diálogo, en definitiva, es un idealista. El vaquero del Oeste es todo lo contrario. Son analfabetos, rudos, sucios y salvajes. Todas sus disputas se zanjan con las pistolas, no han oído en su vida palabras como civismo. Pero sí un sentido de la justicia y del honor tan grandes como los de los hombres ricos del Este.

Pero no sólo es eso. El Hombre que Mató a Liberty Valance es una historia sobre la justicia. Es el fin de los forajidos, de esos pistoleros que se toman la justicia por su mano. Es tiempo de progreso, de ideales, de acabar con la tiranía de los poderosos a través de las palabras.
Y, por supuesto, es una historia de amor. Amor imposible entre un hombre y una mujer, representados en una casa quemada y en una flor de cactus sobre un viejo ataúd. Aquí, la poesía de Ford alcanza una de sus mayores cotas, capaz de representar algo tan grande como el amor con tan sólo un par de guiños. Y amor por el western. Una mirada nostálgica, aunque sin ganas de volver a ese pasado oscuro, representada por ese abogado canoso.


¡Quietoooorl!

Llegando al plano interpretativo, el film cuenta con uno de los mejores repartos de la historia. Empezando por tres actores secundarios clave, como son el eterno Woody Strode, el habitual de Ford Andy Devine y el casi inexpresivo Lee Van Cleef. Edmond O'Brien como ese periodista borracho, obsesionado con encumbrar las historias que suceden en el pueblo. Sabio e inteligente cuando está sobrio, resulta ser un personaje muy entrañable. Espectacular Vera Miles como la mujer del Oeste. Una chica enamorada del hombre rudo del pueblo Tom Doniphon, pero que descubre con la llegada del abogado Ramson Stoddard que hay algo más que duro trabajo fregando platos, hay libros y hay leyes. Se debatirá entre ambos hombres, buscando en ellos la seguridad de la rudeza o la seguridad de la palabra.

Y llegamos al trío de ases. Empezando por un inconmensurable Lee Marvin, nuestro Liberty Valance, uno de los forajidos más legendarios de la historia del Oeste. Sus apariciones son escasas, pero son suficientes. En ellas muestra su grandeza, su dureza, el terror que a su paso inflige sobre los habitantes del pueblo. Sus actos están llenos de violencia. Pero, incluso da más miedo cuando no aparece en pantalla. Es la sombra que pulula sobre las almas de los lugareños, es la representación del mal. Es el ogro, el hombre del saco que hay que combatir cómo sea pero que nadie se atreve a hacerlo. Sin duda, con esta actuación, Lee Marvin se ganó un lugar privilegiado en el Olimpo de los Dioses de Hollywood.

La actuación de James Stewart es sencillamente sublime. Él es Ramson Stoddard, el hombre aventurero llegado del Este. Representa todo ese progreso que ya hemos mencionado, pero encontrándose en un sitio que no es el suyo. En una realidad que no comprende y que intentará cambiarla con sus propios métodos. Pero, sucumbe ante la imposibilidad de utilizar su inteligencia, viéndose obligado a encarar la injusticia en la única forma que conocían los hombres del Oeste, revólver en mano. Stewart ya era una estrella, pero volvió a demostrar por qué es una de ellas.


¡El puto Edmond O'Brien, joder!


Y, resulta que en esta película sale John Wayne. Con eso estaría dicho todo, salvo en este caso. El Duke realiza la mejor interpretación de su carrera y eso es decir mucho. Un personaje lleno de matices, con esa clase, esa dureza, ese porte y esa elegancia exquisitas, ese eterno vaquero que representa la leyenda del western. Pero hay más que eso. Es Tom Doniphon, un hombre que simplemente actúa por ganarse el amor de una mujer. Un tipo sensible, que duda, se desespera y mata por amor. Wayne es capaz de aunar todo lo bueno del amor de un hombre que profesa hacia una mujer y lo mejor de su indudable dureza y chulería. Tom Doniphon es un personaje sencillamente inolvidable, tan legendario como el propio western y es que John Wayne era el Dios de este género.

Todo lo anteriormente citado resulta muy bonito. Maravilloso diría yo. Pero, no podía terminar de cerrar ésta crítica sin antes tener que contar un par de cosas esenciales en la trama, más que nada por devoción a la propia película.

La escena del bistec. Una de las más grandes escenas jamás rodadas en la historia del cine. No sólo por lo que representa. Dos hombres son capaces de matarse por un mísero bistec que acabará en la basura. Porque Liberty Valance le pone la zancadilla a Ramson Stoddard que portaba el ya mítico bistec de Tom Doniphon. Sus miradas de odio, llenas de dureza, que se lanzan rayos amenazadores, ese porte con el que ambos no pierden los nervios, simplemente se miran fijamente el uno al otro. Pero hay más. La patada. La soberana patada. La patada de todos los tiempos. John Wayne, en un alarde de dureza impresionante, le propina un soberbio patadón en toda la cara a uno de los secuaces de Valance. Pero lo mejor es la forma. Sigue en el mismo sitio, no se ensaña, le importa un carajo ese mequetrefe al que ha golpeado. Sencillamente le mira bajando la vista para saber donde está y le da con toda la puntera. Y después se centra en Valance, su verdadero enemigo, el que le importa. Y le espeta: "Te he dicho a ti, Valance. Recógelo!!!" No se puede tener más arte en la historia!!!!!


Recuerda, recuerda...


Y el final. Un final ciertamente complejo y contradictorio. Stoddard es el hombre que ha pasado a formar parte de la leyenda. Todo el mundo cree que fue El Hombre que Mató a Liberty Valance. Se lleva toda la gloria, el futuro y a la chica. En cambio, Tom Doniphon sí fue El Hombre que Mató a Liberty Valance (de ahí la importancia del título) Pero se queda sin gloria, sin futuro y, lo más importante de todo, sin la chica. Toda esa belleza que hay intrínseca en ese final, esa intención de Ford tan majestuosa no es suficiente para que no me deje llevar por el entusiasmo y el ser superficial. Lo soy y a mucha honra. A pesar de todo eso que implica. Su grandeza no es esa. Sabiendo que queda media hora y de pronto Stoddard dispara a Liberty Valance, uno no da crédito. No se puede creer lo que está viendo. Con todos mis respetos para James Stewart (al que acabo de idolatrar) no es posible que un mísero lavaplatos se cargue al más bastardo de todos. Es inverosímil. Cuando, a diez minutos del final, cuando Tom Doniphon le dice, le dice señores entre el humo de un cigarrillo a Stoddard eso de recuerda, recuerda, vemos un oscuro flash-back en donde John Wayne desde un lateral se carga a Valance, a Lee Marvin. En ese momento, uno se levanta del asiento y grita: "John Ford no nos ha fallado!!" Y es que, aunque en el film la gloria se la lleve James Stewart, en nuestro corazón se la lleva el glorioso John Wayne.

Para concluir, decir que la grandeza de John Ford reside en que ha sido capaz de mitificar a un género, el western, y llevarlo a las más altas cumbres cinematográficas, pero a su vez, lo desmitificó, lo echó todo por tierra de una forma brillante. John Ford imprimió la leyenda del western. Cuando uno termina de ver El Hombre que Mató a Liberty Valance, sólo le queda gritar a los cuatro vientos: qué grande es el cine!!!!!


Media en IMDB: 8,1 (22.622 votos)
Media en Filmaffinity: 8,4 (13.928 votos)
Media en Cinetrivia: 8,48 (23 votos)